Un día de noche, en busca de agua, oyeron unos ruidos de
hierros y cadenas atemorizantes. Aun todo oscuro, Don Quijote quiso lanzarse a
la aventura dejando a Sancho abandonado. Éste temía por la vida de su amo e
intentó retenerlo hasta que saliese el sol. Primero Sancho ligó a Rocinante a
su asno para que no pudiese ni andar. Después le explicó un cuento a Don Quijote repitiendo
dos veces todo lo que decía. En el cuento un pastor huye de la Torralba que lo
ama, llega al Guadiana y tiene que pasar con la ayuda de un pescador
trescientas cabras. Sancho quiere explicar cómo pasó una a una las cabras por
el río. Pero Quijote se cansa y quiere ir a la aventura. Rocinante aun atado no
puede andar. Después Sancho se desprende de unos gases que Don Quijote nota.
Más tarde, Sancho a escondidas libera a Rocinante y Don Quijote emprendió el camino,
despidiéndose del escudero. Éste, pero, le siguió.
Anduvieron hacia el origen del ruido maldito y vieron lo que
lo provocaba. Resultó que eran seis mazos de batán. Sancho se partió de risa,
burlándose de Don Quijote, al que le sentaron mal las burlas. Después se
reconciliaron y el caballero concluyó diciendo que Sancho no le tenía mucho
respeto.
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