En casa de Don Antonio Moreno se hallan ahora el caballero y
el escudero, bien tratados. Don Quijote pasea a caballo con Antonio con un
cartel escondido detrás que indicaba que ese hombre era Don Quijote de la Mancha.
Un día, Don Antonio le mostró al hidalgo una “cabeza encantada”, un busto de
una persona que respondía todo lo que se le cuestionaba en la oreja. Al día
siguiente lo probaron un grupo de personas, Don Quijote, su escudero y otras
personas. Efectivamente respondía la cabeza a todo lo que se le preguntaba.
Resultó ser un truco; el busto estaba comunicado mediante un tubo que se
encontraba dentro de la cabeza hueca y la pata de la mesa vacía, con una sala
inferior en la que se encontraba una persona que oía las preguntas y luego
pronunciaba las respuestas.
Don Quijote otro día entró en una imprenta, donde se
medio-peleó con el autor del establecimiento, ya que tenían diversos puntos de
vista sobre ciertos aspectos. Vio la segunda parte del ingenioso hidalgo de Don
Quijote de la Mancha, y escopeteado y enfadado salió de la imprenta. Ese mismo día se fueron a ver las galeras en
la playa.
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