Posteriormente, Quijote divisó a un hombre a caballo con
algo reluciente en la cabeza, según él, el yelmo de Mambrino. En realidad era
un hombrecillo (barbero) montado en un asno que se había puesto en la cabeza
una bacía para no mojar su sombrero, ya que había empezado a llover. Don
Quijote rápidamente se abalanzó sobre el hombre arroyándolo. El barbero echó a
correr dejando la bacía en el suelo. Don Quijote la cogió y que quedó
maravillado de esto, mientras Sancho se volvía a reír. Don Quijote dice que le
servirá para protegerse de piedras.
También dice que vengará a su escudero cuando le hagan algo
grave.
Sancho se quedó con el nuevo asno (el del barbero) y dejó el
suyo.
Sancho cuestiona la forma de actuar de caballero errante y
qué conseguiría siendo su escudero. Don Quijote le quita esa idea contando que
si seguían haciendo lo mismo, llegarían a una corte aclamados por la población,
por los caballeros, por el rey que lo llevaría a ver a su seguro hermosa hija,
de la cual el caballero se enamoraría y ella de él. Cenaría con la familia
real, un antiquísimo sabio lo coronaría como el mejor caballero del mundo,
después iría a servir al rey contra su íntimo enemigo. Antes pero se despediría
de la infanta acudiendo a sus aposentos clandestinamente, ayudado por una
doncella de confianza; y se despediría también del rey y la reina justo antes
de marcharse. En la guerra lucha, vence, la infanta sufre por él, éste vuelve
al reino, se casa con la infanta, muere el rey, el caballero se convierte en el
nuevo rey y después recompensa a su escudero con la mano de una doncella de la
infanta. Eso dice que hará Don Quijote, pero primero tenían que conseguir
méritos. Sancho quiere tener cuando sea noble a un barbero siempre detrás de él.
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